Archive for mayo, 2010

EL SECUESTRO NO SERÁ TELEVISAD0

Cuando el principal noticiario de la televisión mexicana sentenció, muchos quedamos perplejos. ¡Joder! ¿Y ahora? En horario estelar se nos informó que nada de nada: mientras el secuestro persista, el silencio se impone. Lo impensable: se informó que no se informará.

Pero, vamos por partes.

El pasado fin de semana desapareció de su finca, el prominente político y abogado Diego Fernández de Cevallos. Hombre polémico, como pocos, y gran polemista; candidato a la Presidencia de la República, diputado, senador, pieza esencial del hoy gobernante Partido Acción Nacional; pero también abogado próspero, controvertido, litigante de causas difíciles de digerir, ésas que, por lo menos en el imaginario, agravian a muchos para favorecer a un puñado; mexicano inteligente, apasionado y, por todo lo anterior o más, imprescindible en la historia reciente del país. No por nada el mote: “Jefe Diego”. Su abducción, en el estado vecino a la capital, Querétaro, fue un golpazo. No hay otra manera de calificarlo. Desde las cúpulas al ciudadano de a pie: si alguien así de poderoso e importante había desaparecido, ¿qué podría esperar Juan Ciudadano? El miedo no es moneda de cambio que viaje en litera acolchada; es parálisis muy real que se enquista en los más diversos rincones del alma.

Sucedió en algún momento de la noche del viernes al sábado. Y de a poco se fue filtrando la noticia. Un portal informativo de la localidad queretana dio la nota, la retomaron medios y comunicadores, y para el mediodía sabatino las redes sociales eran un hervidero. Poco contribuyó a la calma que otro eminente político mexicano, Manuel Espino, ex dirigente del partido del hoy desaparecido, enviara por Twitter la información no confirmada -eso se sabría después- de que el cadáver del Jefe Diego estaría en algún campo militar. Más de un ávido comunicador sacó la nota en medios nacionales, y para cuando reaccionó el gobierno federal (muchas, y muy muy largas horas después) el vacío informativo ya había sido colonizado por la especulación, las teorías de la conspiración y las más explícitas fantasías apocalípticas. Para unos, la desaparición del Jefe Diego era prueba clara del fracaso absoluto del actual gobierno. Para los menos, un posible ajuste de cuentas personales dados los negocios propios del político y litigante. Y para una muy importante representación nacional, todo esto es muestra palpable de la tan anhelada justicia poética. Afloraron las proclamas revanchistas y los retumbos de odio: “lo que le pasó a Diego es más que merecido, por abusivo, por tranza, por político.” Tan impresionante la retahíla de víscera manifiesta, que un diario de circulación nacional, El Universal, dedicó su editorial a alertar sobre, así lo nombró, el discurso de odio.

El lunes coronó la cadena de entuertos comunicativos. Mientras algunos medios anunciaban que, en la medida en que no hubiese información adicional no se abrirían los espacios a la especulación -cosa muy agradecible-, el responsable del principal noticiario de televisión del país, Joaquín López Dóriga, salía a cuadro para comunicar que Televisa no volvería a informar de este caso hasta su desenlace, todo en respeto a la vida del desaparecido Diego Fernández de Cevallos. Remataba con la siguiente sentencia: “no ha sido una decisión fácil, pero sí es una decisión firme”.

Suena un poco a ayuno informativo, pero sobre todo, nos coloca como ciudadanos ante la pregunta fundamental sobre nuestro derecho a la información. Por ello, la perplejidad. Porque la contundencia de la afirmación no permite el resquicio: y si antes del desenlace hay información importante (que implique a agencias o actores actuales), ¿no se dirá nada?; y si en el camino se van descubriendo complicidades, ¿nadie se enterará? Vaya que, además, éstas son preguntas ingenuas. Porque, en el fondo, lo que aflora es la punta de la sospecha: ¿será que hay una empresa de televisión que sabe más y por eso calla?; y los que siguen informando, ¿traicionan y amenazan la vida del desaparecido?

En la era de la información, la postura de franca contención es una osadía de dimensiones inexploradas. Sin duda, ante el posible secuestro de una persona -y más aún alguien de la prominencia del jefe Diego- la cautela es una ficha que juega a favor de la vida del desaparecido. Si fue así, ¿por qué no le entraron todos los medios de comunicación? Basta ver el exceso de verborrea denunciadora en que han caído tantos medios y comunicadores. Deseable casi, un pacto comunicativo por el bien del país. Pero, si no fue así, ¿de qué privilegios gozan los que lo hacen? Y, a todo esto, ¿dónde queda el derecho a la información del ciudadano? Sólo espero que todos estemos conscientes de que los vacíos informativos, sean por inercia, por incapacidad o por decisión, son caldo de cultivo de esos fanatismos que se vuelven incontrolables.

México no necesita que se alimente la especulación, ni que se avive el ruido discursivo. Las situaciones de inseguridad y de reto a las instituciones que vive el país ameritan que quienes informan no funcionen a golpe de intuiciones, que el discurso del odio no se imponga, y que las decisiones editoriales no generen aún más desconfianza. Yo sólo espero, por el ser humano que es, que el Jefe Diego esté bien. Pero sea lo que suceda, no puedo sino recordar que tanto daño hace la verborrea excedida como el silencio impenetrable.

Les prometo que, a estas alturas, ya somos mayorcitos, aquí en México, y podemos aguantar las malas nuevas. Digo, por si no se habían dado cuenta, claro está.

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Monopolio en las Telecomunicaciones

Agenda Pública se transmite de lunes a viernes a las 19:30 hrs. por Foro TV.

Agenda Pública es un programa para discutir día a día el comportamiento de los medios y los procesos de la comunicación, conducido por José Carreño Carlón, Mario Campos y Gabriela Warkentin.

2010

En la mesa de debate platican el monopolio en las Telecomunicaciones.

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¡LUKÁNIKOS, EL PERRO, PARA PRESIDENTE!

Ahí está, bien plantado, ese chucho callejero. Mirada fija, orejas caídas hacia delante. No tiene pierde y sí tiene porte. Será muy callejero, pero es hasta guapo. ¡Perro majo! Fotogénico sin cirugías. Se perfila, ladra, calla, enfrenta; sabe esperar, luego se lanza: intuye el momento de la iniciativa. Es un chucho estratega. Acompaña a los que se reconocen vulnerados, repele a los agresores. Suena al líder ideal, ¡no lo neguemos! Uno que, además de ladrar, de vez en vez (no muy seguido) pronuncie palabra: bueno, ¿dónde me apunto para hacer campaña? ¡Lukánikos para Presidente! En español esa palabra significa salchicha; habremos de buscar otro nombre (¡salchicha para presidente!, tiene connotaciones imprevistas) u otro chucho. Pero con un líder nos hemos topado, Sancho.

Las imágenes dieron la vuelta al mundo, publicadas originalmente en el periódico británico, The Guardian: perro callejero que acompaña, en primera fila de batalla, a los manifestantes griegos que desde hace días toman las calles en protesta por el plan de austeridad para enfrentar la crisis económica más reciente. Las calles, literalmente, arden; algunos aeropuertos paralizados; muertes reportadas. Los manifestantes griegos no se arredran: portan máscaras para protegerse de los gases, piedras en mano, llamas; y la policía en lo suyo. Son las guerras urbanas de los últimos siglos. Pero ahí, Lukánikos. Del lado de los manifestantes, el ‘perro antisistema’ le han tildado, el perro famoso: en unos días, icono de la rebelión moderna, circula por las redes sociales y es la estrella de Internet.

Dato curioso aparte, este chucho nos revela tanto de nosotros -ésa es la gran fortaleza de los perros, por eso son los mejores amigos del hombre. Paradójicamente vuelve humano un enfrentamiento, nos remite a los básicos. Se erige en la estrella identificable que nuestra realidad mediatizada necesita: difícil identificarte con el anónimo lanza piedras o el policía en serie, en estas épocas en que la colectividad pierde sentido. Es el perro que destaca, que en su ferocidad es tierno, que despierta, por lo menos, simpatías. Además tiene nombre: es individuo. ¿Qué más necesitamos? La rebelión urbana del siglo XXI mediático.

Existen muchos otros chuchos famosos. En México tenemos a nuestro perro Fidel. Hace casi un año saltó a la fama, de la mano de los llamados anulistas: aquellos que promovían la anulación del voto como protesta por las condiciones electorales de un país que sigue colocando muy alta la barrera para la participación política y ciudadana. En las elecciones intermedias, de 2009, el joven Carlos Delgado Padilla, dueño del perro, lo lanzó como candidato en su ciudad, Guadalajara. Fidel tuvo fotografía oficial, anuncios en la calle, perfil en Facebook, toda una estrategia. Prometía “no voy por un hueso” (aludiendo a la mexicanísima tradición de perseguir rabiosamente un puesto, por el puesto mismo) y “no soy gato de nadie” (parodiando la despectiva expresión de llamarle gato al sirviente). Fidel hizo campaña, y ganó votos. Pero sobre todo exhibió lo absurdo de un sistema que en su supuesta renovación sólo se anquilosa más. Insisto, los perros nos revelan. De haber vivido en Guadalajara, en una de esas hasta voto por Fidel.

Hay chuchos que se hacen famosos por lo que les hacemos. Tres jóvenes de Tepic, capital del estado mexicano de Nayarit, torturaron hasta la muerte a un perro callejero. Tiempo después subieron el vídeo de tan “valiente acto” a YouTube. Hace unas semanas estalló el escándalo. Oleadas de indignación, movimientos a través de las redes sociales. Finalmente detuvieron a estos muchachos. Uno de ellos explicó, con toda la frialdad, cómo metieron al perro en un costal, provocaron que fuera agredido por dos pitbull y para luego tomarlo de las patas traseras y estrellarlo contra los árboles, el piso. Pura delicadeza de estos jóvenes. Cuando les preguntaron por qué lo habían hecho, respondieron: es que estamos chavos. Claro la juventud (chavo es el calificativo mexicano para niño, joven) como pretexto. Faltaba más. Me recuerda al padre de un adolescente que hace unas semanas atacó brutalmente a un hombre, en las calles de la Ciudad de México, para robarle un teléfono móvil, y al ser presentado ante la justicia gemía musitando: “mi hijo es bueno, no lo vayan a perjudicar”. Sí señor, bueno para partirle el cráneo a un transeúnte. El perro torturado no la contó, pero, insisto, nos pintó de cuerpo completo: la violencia exhibida, también eso somos. La muerte como espectáculo. El vídeo en YouTube, faltaba más.

Grecia tiene larga historia con los perros. No sólo abundan los callejeros (que esos los tenemos en muchas otras partes del mundo también). Pero ya desde la Antigüedad nos decían más de lo que recordamos. Diógenes, el Cínico, ¿nos suena? Tanto que aplicamos eso del cinismo, para advertir incluso de su perniciosa omnipresencia, y poco reparamos que hay un perro detrás de todo. Kyon, perro en griego; kynikos, su forma adjetiva. Y así llamaban a esos griegos, Diógenes uno de los más visibles, que hacían “de la desvergüenza” su forma de vida. Para él, sin embargo, era su forma de protestar: la suya, elegida, develaba la incivilidad institucionalizada de la sociedad de su momento. ¿No les digo?, tanto que le debemos a los perros.

Haré campaña, mundial, ¿por qué no? ¡Lukánikos para Presidente!, del país que lo necesite. Bien parado, de mirada fija, atento, leal, presto a defender. Encuentren cualidades así en algunos de sus líderes, y ya me dirán si no tenemos proyecto en mano. Salgo a recorrer las calles de esta ardiente capital mexicana. Con perro quiero toparme, Sancho.

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MACIEL, ¿QUIÉN TE MANDA SER MEXICANO?

Y hay quienes se enojaban porque Speedy González nos perpetuaba en el estereotipo. ¡Cuánto nos faltaba por vivir!

Resuelto el problema: si Marcial Maciel no hubiese nacido en México, nada habría sucedido. Ya está. Lo demás son conjeturas necias, y ganas de perjudicar al prójimo.

Las atrocidades cometidas por el fundador de los Legionarios de Cristo, poderosa y hoy cuestionada orden, no se deben a una enferma personalidad retorcida, a un clima de impunidad, a una perversa miopía de la Iglesia, a un oscuro sistema de complicidades, a una enredada venta de favores, a un tejido transnacional de servicios… no, no, no, nada de eso, señores. Se deben a sus raíces mexicanas; a que nació en el “muy mexicano estado de Michoacán”. ¡¡Arroz!!, diría el inefable Mauricio Garcés, galán de películas de mujeres profusas y caballeros de gasné. También muy mexicano. Digo, ya puestos a encasillar.

Cuánta tinta ha corrido para tratar de entender la identidad de los que aquí moramos, en México. Fuentes, Paz, Ramos, Krauze, Novo, Monsiváis; cronistas, evangelizadores, filibusteros; pintores, músicos, escultores, cineastas, fotógrafos; sociólogos, urbanistas, historiadores, periodistas. Un larguísimo etcétera de mentes, voces y plumas que desde hace siglos, literalmente, se han dedicado a desgranar esto que es la “mexicanidad”. Ahora que estamos en plena invocación de la Independencia, que hace 200 años nos dio patria, y de la Revolución, que hace 100 nos resignificó horizontes, hay foros y debates y discusiones y rollos mediáticos y más foros para revisar la identidad del mexicano, su transformación y proyección. Tanta tinta, tantas neuronas echadas a andar, tantas voces… y a nadie se le ocurrió preguntarle a quien en tres minutos definió nuestro ser mexicano: “somos medios tramposos, medios mañosos, medios dobles”. Y ahí no queda: ¿qué hay en “las raíces mexicanas” del personaje en cuestión, ése que cometió los crímenes de que se le acusan, que resulta casi inevitable su actuar? Es, en resumen, “un caso extremo y monstruoso de ser mexicano”. ¡¡¡Arroz!!!

Quien habla es el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, arzobispo de Guadalajara e influyente hombre de relaciones. Todo en una charla con la periodista Carmen Aristegui. La incontinencia declarativa de Sandoval Iñiguez nos brindó las joyas de la semana: ¿por qué no revisamos las raíces mexicanas de Maciel?; ¿por qué del pueblo mexicano salió un fundador así?; todos los fundadores de grandes órdenes son santos, salieron bien, y el único gran fundador, este mexicano, salió mal… ¿que no nos representará a todos nosotros, mexicanos, medios tramposos, medios mañosos, medios dobles? “Lo que tiene la olla, saca la cuchara”: de refrán popular a sabiduría de prelado. Yo confieso que quedé tranquila. Insisto, ya está: Maciel no es culpable más que de mala suerte geográfica. De no haber nacido en México, ningún delito habría cometido. Eso entendí, ¿o no?

¡Ay, Cardenal!, cuántas cosas salen de nuestras bocas cuando la verborrea se impone.

He comenzado ya mi colección anual de declaraciones absurdas y estúpidas, y la de Sandoval Íñiguez va ganando puntos. Y no, no me azoto: por supuesto sé que hay condiciones, algunas marcadas por devenires históricos, que hacen que México viva un particular clima de impunidad y de tranzas generalizadas. Ahora que de eso a ponernos en resignación determinista hay largo trecho. Y no, no tiro a locas al Cardenal, porque él predica desde un púlpito muy público y muy magnificado, y porque, aunque nos cueste trabajo creerlo, sus palabras le importan a muchos. Una estupidez dicha en el vacío, es un soliloquio desafortunado. Una estupidez vociferada desde el foro público, es una aberración con consecuencias.

Pero en fin, me divierten estos personajes. Me regresan mi capacidad de asombro. Y en una de esas hasta activan mi indignación. Yaaaa, no nos molestemos porque Speddy González es un ratón abusivillo, ni porque el frijolero greaser siga siendo la estampa de mexicanidad para el gringo promedio. Si Sandoval Íñiguez, que tiene derecho de picaporte en las esferas celestiales, nos retrató, pues ya estuvo: contengamos a los mexicanos, porque ellos están impedidos, en esencia, a bien obrar. No es culpa nuestra, de veras, nosotros sí queremos ser buenos. Dice el Cardenal que, por haber sido Maciel mexicano, no debemos hablar de él; porque allá afuera, en el mundo y universos vecinos, sabrán que los que aquí nacimos somos un desastre de proporciones bíblicas. Faltaba más, a guardar silencio entonces.

¡Dios mío!, ¿por qué nos has abandonado?

¡¡¡¡Arroz!!!!

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