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“4 de cada 10 mexicanos piensan que el narco tiene mayor poder en el país: Parametría

15 de mayo de 2017

Francisco Abundis habla sobre los resultados de la encuesta “Nuestra relación con el narco”.

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ASÍ LAS COSAS, con Gabriela Warkentin, Javier Risco y Francisco Alanís “Sopitas”.

Lunes a viernes de 06:00 a 10:00 hrs. | 96.9 FM o 900 AM.

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Elecciones en algunos estados de México

15 de mayo de 2016

Gabriela Warkentin y Mario Campos analizan las elecciones en los estados y las referencias al narco; las nuevas medidas contra la contaminación; el movimiento del IPN.

VER PROGRAMAAGENDA PUBLICA_GWAgenda Pública se transmite todos los domingos a las 11:00 hrs. por Foro TV.

Agenda Pública es un programa para discutir día a día el comportamiento de los medios y los procesos de la comunicación, conducido por Mario Campos y Gabriela Warkentin.

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La desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa y los detenidos

06 de octubre de 2014

Gabriela Warkentin y Mario Campos platican de los 26 detenidos por la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa y de las protestas por parte de estudiantes y familiares.

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Agenda Pública se transmite de lunes a viernes a las 19:30 hrs. por Foro TV.

Agenda Pública es un programa para discutir día a día el comportamiento de los medios y los procesos de la comunicación, conducido por José Carreño Carlón, Mario Campos y Gabriela Warkentin.

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¿Tiene o no el crimen organizado un estrategia de comunicación?

18 de agosto de 2011

La voz de Gabriela Warkentin. ¿Tiene o no el crimen organizado un estrategia de comunicación?, en HOY POR HOY de W RADIO.

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LA BARBIEIR A W RADIO

Asuntos Internos: El narco y las elecciones de 2012

“La elección del silencio”, de Gabriela Warkentin, publicado en la Revista Rolling Stone México.

“Y tuve un ofrecimiento del crimen organizado, al final de mi campaña”. Lo dijo desde su contundencia. Xóchitl Gálvez, la otrora candidata a gobernadora del estado de Hidalgo. Lo dijo hace unas horas, otra vez.

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EL LAZCA

RADIO

Fallas para comunicar el abatimiento de “El Lazca”, fundador de los Zetas. Análisis de Gabriela Warkentin en W RADIO.

Piden a FCH frenar daños de lucha antinarco

EL “DIARIO JUÁREZ” PIDE UNA TREGUA A LOS GRUPOS CRIMINALES MEXICANOS

En sendos editoriales publicados con apenas 48 horas de diferencia, elDiario de Juárez ha sacudido a la opinión pública mexicana al acusar el viernes a los gobiernos de todos los niveles por su incompetencia para impedir el asesinato de periodistas, y al dirigirse el domingo directamente a los grupos criminales, “las autoridades de facto en esta ciudad”, según el propio periódico, para preguntarles qué es lo que “pretenden que publiquemos o dejemos de publicar, para saber a qué atenernos”.

“Señores de las diferentes organizaciones que se disputan la plaza de Ciudad Juárez: la pérdida de dos reporteros de esta casa editora en menos de dos años representa un quebranto irreparable para todos los que laboramos aquí y, en particular, para sus familias. Hacemos de su conocimiento que somos comunicadores, no adivinos. Por tanto, como trabajadores de la información queremos que nos expliquen qué es lo que quieren de nosotros, qué es lo que pretenden que publiquemos o dejemos de publicar, para saber a qué atenernos”, planteó el diario en su editorial titulado “¿Qué quieren de nosotros?”.

“Ya no queremos más muertos. Ya no queremos más heridos ni tampoco más intimidaciones. Es imposible ejercer nuestra función en estas condiciones. Indíquennos, por tanto, qué esperan de nosotros como medio. Esta no es una rendición. Como tampoco significa que claudicamos al trabajo que hemos venido desarrollando. Se trata de una tregua para con quienes han impuesto la fuerza de su ley en esta ciudad, con tal de que respeten la vida de quienes nos dedicamos al oficio de informar”, agregó el periódico, que además subrayó que ningún otro medio de comunicación ha sufrido el asesinato de dos periodistas.

El jueves pasado, el fotógrafo Luis Carlos Santiago Orozco, de apenas 21 años, falleció después de ser tiroteado junto con otro de sus compañeros -quien se encuentra herido-, por un pistolero. El atentado ocurre cuando están a punto de cumplirse dos años de la muerte, también a tiros, de Armando Rodríguez Carreón, reportero de El Diario, asesinado en presencia de su hija de nueve años. Nadie ha sido procesado por este caso ocurrido el 13 noviembre del 2008.

El viernes el Diario de Juárez tituló su editorial “¿A Quién Pedir Justicia?” En él se puede leer: “Mientras no sepamos quiénes nos agreden y por qué; mientras ellos tengan la total libertad de permanecer ultrajando en este imaginario estado de derecho; mientras la procuración de justicia en este país, en esta entidad, siga siendo una entelequia, en realidad es poco lo que puede hacerse que no sea continuar desarrollando nuestra actividad periodística en la total indefensión. Proseguir clamando en el desierto por una justicia que no llega”.

Clamor de la prensa

Diversas organizaciones internacionales como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Reporteros sin Fronteras y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) han condenado el asesinato y manifestado su solidaridad con el periódico.

Una delegación del CPJ estará esta semana México, una visita que coincide con el agravamiento de la situación de la prensa y que se produce apenas un mes después de la gira de trabajo de los dos máximos relatores de defensa de libertad de expresión de la Organización de las Naciones Unidas y de la Organización de los Estados Americanos.

Carlos Lauría, coordinador del programa de las Américas del CPJ, y que forma parte de la delegación que llegará en las próximas horas, ha dicho a EL PAÍS que si bien el caso del Diario de Juárez es dramático, no es por desgracia novedoso. “Medios de distintos puntos del país se están autocensurando en forma generalizada, producto de la violencia sin precedentes, y de la situación de vulnerabilidad absoluta bajo la que operan. Esto ocurre ante un Estado casi ausente en muchas regiones, incapaz de proporcionar protección básica, incumpliendo su obligación de garantizar el derecho constitucional de la sociedad mexicana a recibir información. Si México pierde la batalla por el control de la información, porque la pelea no es solo en la calle, sino que los grupos del crimen quieren controlar también la información, si pierde eso, estará en riesgo su estatus como estado global confiable. Por ello, es crítico, urgente y prioritario que el gobierno y el Congreso se aboquen a ver de qué manera se puede dar una respuesta contundente a este tema”,ha dichovía telefónica.

Directivos del Diario han dicho en varias entrevistas que con su editorial no están planteando una rendición. Gabriela Warkentin,directora de la escuela de comunicación de la Universidad Iberoamericana, institución decana en la materia, ha dicho que lo que le “preocupa, al leer ambos editoriales, es que ante la evidente ausencia de reglas claras, y ante el silencio real de las autoridades (por decisión u omisión), se está reconociendo como interlocutor válido al crimen organizado y le están pidiendo que ellos, que controlan la plaza, pongan las reglas. El segundo editorial, que sin duda puede parecer efectista, es respuesta a la pregunta del primero (¿A quién pedir justicia?): ante la ausencia de justicia, se solicita tregua. Si eso no es el fracaso del Estado de Derecho, no sé qué sí lo sea”.

De momento, el Gobierno federal no ha fijado posición sobre los reclamos del Diario de Juárez, que en ambos editoriales reprocha directamente al presidente Felipe Calderón lo que califican de una estrategia errática en su lucha anticrimen y una incapacidad tanto para brindar protección a los periodistas como para encontrar a los culpables de los asesinatos.

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EL PERIODISTA, EL CAPO Y LA FOTO

El capo abrazó al periodista, la foto salió en la portada. Y a todos se nos movieron un poco las certezas.

Parecía la crónica de un domingo cualquiera; terminó marcada por la “crónica de un encuentro insólito”. Ya desde el sábado, los murmullos en las redes sociales y los humores de los adelantados nos habían puesto sobre aviso: EL periodista, Julio Scherer (decano de las letras informativas en México, personaje imprescindible del país en que nos hemos convertido, hombre al que se antepone el Don) aparece en una fotografía, en la portada del semanario Proceso (publicación emblemática, opositora como destino y estridente ocasional como marca); junto a él, Ismael El Mayo Zambada, capo entre los suyos, con el brazo sobre los hombros del periodista, el cuello erguido, porte de cazador y mirada que se intuye bajo la sombra de una gorra más camionera que deportiva. Al periodista se le notan los años, pero los porta con el aplomo del que se sabe; al capo se le notan los fueros, pero los recoge con la conciencia del que se expone. Así comenzó el fin de semana informativo, en este México inmerso en una guerra contra el crimen organizado, con cientos de muertes a cuestas, periodistas asesinados, regiones asoladas, horizontes por redefinirse. Uno diría, ¡no sacudan que las olas crecen! Pero bueno, así comenzó.

En páginas interiores de la revista, la crónica de Scherer, esa “crónica de un encuentro insólito”. Cómo lo contactaron de parte del capo, cómo aceptó (porque “si el Diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos…”), cómo lo transportaron, cómo llegó, cómo se encontró con ese otro, cómo no le pudo hacer las preguntas, cómo el otro contestó lo que quiso, cómo se terminaron por tomar la fotografía, ésa, la de la portada. “El guardaespaldas apuntó con la cámara y disparó.” Vaya juego de palabras y de sugerencias: EL periodista frente a uno de los más buscados por la justicia; o en realidad no frente, sino en un abrazo que provoca.

Ahí, el domingo dejó de ser cualquiera, los días subsecuentes también. La edición de la revista se fue agotando. Y el coro se desató. Desde el mismo domingo, algunos periodistas de piel sensible reaccionaron ante las posibles críticas: ya sabemos que el que ejerce ve con recelo al que lo observa. Pero poco después, ¡ah!, vaya coliseo de voces encontradas. Por un lado, a quienes no les pareció. Argumentan que la entrevista no aporta, que el periodista terminó como mensajero del narco, que la fotografía muestra la rendición ante el poder fáctico, que el periodista se convierte en cómplice, que no hay nada noticioso, en fin, ¡que no aporta! Por el otro lado, a quienes sí les pareció. Argumentan que la crónica (que no entrevista) sí aporta, que es más importante lo que no se dice, que la contundencia de la imagen devela el fracaso de la guerra emprendida, que el periodista es eso y no procurador de justicia, que la publicación en sí misma es lo noticioso, en fin, ¡que sí aporta!

Las redes sociales bullen. Sólo en Twitter, el tema se mantuvo como el más discutido, en competencia apenas con la tragedia de enredos en que se ha convertido la misteriosa muerte de la pequeñita Paulette, en las periferias acomodadas de la capital mexicana. Los medios de comunicación se empapan del tema, y no hay opinador que se respete que no se aplique. Los detractores reclaman a los valedores su rendición incondicional ante Don Julio. Los valedores exhiben en los detractores enconos y envidias enquistadas. Hacia mediados de la semana, muchos comunicadores ya manifestaban las “preguntas que Don Julio debió haber formulado”, en resumen, “la entrevista que debió haber hecho, no hizo y yo seguro habría hecho mejor”. En el coliseo de la opinión, las voces se arrebatan la efímera espada de la verdad asumida.

Lo único cierto es que Julio Scherer, y Proceso, marcaron la agenda. Lo único cierto es que no sabemos qué hacer en este México en “guerra” (así nos lo han dicho), con actores que se definen y que son mejores jugadores mediáticos. Lo único cierto es que nos agarró desprevenidos y, ante la sorpresa, la reacción fue la descalificación inmediata o la adoración acrítica.

No veo con malos ojos la publicación. Me parece inútil centrarnos en la calidad de la entrevista, porque no lo es: recordemos, “crónica de un encuentro insólito”. Foto y texto dicen más por lo que no explicitan, y porque incomodan. Sí, muchas cosas que reclamarle al narco: muerte, terror, sangre, prensa acallada, zonas devastadas, un México en guerra. Y sí, cosas que ponerle en frente a Julio Scherer, una no menor la delgada línea que separa su crónica de un proceso de humanizar al enemigo declarado. En otros momentos me he manifestado en contra de abrirle micrófonos, plumas o cámaras al crimen organizado. Y lo sostengo. Pero aquí ganó la contundencia, porque aún a pesar del ego del cronista, de las trivialidades que se asoman, de lo mucho que no se dice, confirmo, con esta sola publicación, que es fácil desnudar lo extraviados que estamos en encontrarle rumbo al enredado México del Siglo XXI.

El capo abrazó al periodista, la foto salió en la portada. Y todos, todos nos vimos en el espejo.

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SER JOVEN, Y NO MORIR EN EL INTENTO

Sólo imaginar que las universidades se conviertan en fortalezas blindadas para evitar que sus comunidades sean agredidas me pone los pelos de punta. Es el peor regreso a lo más hermético de las Edades oscuras.

Cayeron acribillados. Todavía nadie dice bien a bien de quiénes fueron las balas. Pero ahí quedaron; lo más que sabemos es de un twittero: se escucharon ráfagas, balazos, quejidos. Luego salieron las autoridades académicas a explicar lo inaceptable. Era una universidad, y era ese México que sigue entregando cuentas de sangre. Monterrey, Nuevo León, nos dejó estampas de horror este fin de semana: avenidas bloqueadas por maniobras espectaculares a manos, aparentemente, del crimen organizado; balaceras cruzadas y civiles caídos. La muerte, y violenta, siempre es absurda. Cuando es joven, es además trágica.

Aceptamos gustosos el cliché, casi de película romántica: la juventud, tiempo de aprendizaje, de descubrimiento, de energías, de locuras. Esa pausa que impusimos al paso más denso de convertirnos en adultos. Alargamos la adolescencia y profesamos devoción por todo lo que a joven nos sabe: irreverencia, insolencia y, más llano, hambre por comerse al mundo. Sí, nos gustó esa parte de nuestra historia. Cuando se es joven, el único límite debía ser la imaginación. Pero es claro que las películas románticas existen sólo el tiempo que nos dura la fantasía. Y en México, a muchos parece habérseles acabado esa fantasía incluso antes de vivirla.

En lo que va del año, que apenas son pocos meses, han sido decenas ya las muertes de civiles en episodios ligados a la guerra en contra del crimen organizado que emprendió el gobierno del presidente Felipe Calderón. A principios de año nos sacudió la muerte de 15 jóvenes estudiantes, en una fiesta en Ciudad Juárez. Luego vinieron otros, sacados de fiestas, bares o reuniones, en diferentes ciudades del Norte del país. Apenas este fin de semana supimos que Javier Francisco Arredondo Verdugo y Jorge Antonio Mercado, destacados estudiantes de posgrado en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, en la sede que está en esa ciudad, murieron atrapados en un fuego cruzado que aún no queda del todo claro. Y en estos últimos días han sido otros. A la tragedia siguieron los infortunios declarativos: así como a los jovencitos de Ciudad Juárez se les colgó de inmediato la medalla de “pandilleros”, para justificar o matizar lo ocurrido, así a estos estudiantes en Monterrey se les ubicó en el genérico de “sicarios”. Tuvieron que salir las voces de la comunidad, los familiares y las autoridades académicas en uno y otro caso, para que se supiera que los jóvenes asesinados si de algo habían pecado, era de creer que podían festejar en una casa, o caminar de noche en las inmediaciones de su centro de estudios.

Ahora sabemos que varias universidades en las zonas más afectadas por la inseguridad ligada a la guerra en contra del crimen organizado van a reforzar sus medidas de seguridad. Ya de por sí, en algunos lugares el crimen común había obligado a los centros educativos a revisar sus mecanismos de acceso y permanencia en las instalaciones. No en todos, gracias a Dios. Todavía es un placer deambular por los jardines abiertos de la espléndida Ciudad Universitaria ubicada en la capital mexicana, o recorrer las instalaciones de muchos centros universitarios en las ciudades del país menos afectadas por la inseguridad. La Universidad es también apertura del espacio; pero cerrada, clausurada, restringida sólo a los propios, padecerá la pérdida del conocimiento que brota de la interacción espontánea. Si esto se generaliza en las instituciones de educación superior de las zonas más conflictivas, habremos creado otros guetos más: las sociedades que encierran a los suyos, perdieron el horizonte.

Paso estos días algunas jornadas de trabajo con estudiantes de todo el país, reunidos en la Mérida yucateca. Ciudad apacible, hermosa, cálida. Cuesta trabajo desde acá creer que esos otros Méxicos también existen. Los estudiantes se sienten libres, y liberados. Pero cuando el Secretario de Educación, al hablar de que la transición mexicana ha sido relativamente tranquila, utiliza la expresión “en México vivimos una democracia sin balazos”, más de uno se estremece. Aún entre los jóvenes universitarios, alegres y entregados, y desde esta Mérida menos atribulada, la afirmación cala. Porque todos saben que hace unos días asesinaron a dos de los suyos, allá en Monterrey. Y porque todos saben, punto.

Así como la sociedad civil se ha movilizado en otros momentos recientes de la historia mexicana para promover participación ciudadana y reclamar justicia, así esperamos que en este terrible y reciente caso en Monterrey no gane el miedo, y se articule la exigencia de un orden democrático y tolerante. No son sólo los dos jóvenes asesinados, es el caos que puede imperar en una ciudad, son las declaraciones de autoridades que sólo buscan señalar culpas ajenas, es la impotencia ante la indefinición, es la incontinencia informativa que no conoce límites. Y sí, son las balas que asesinan.

Las universidades debieran ser espacios abiertos, no fortalezas enclaustradas. Ser joven no debiera implicar la muerte como horizonte. Y México tendría que encontrar muy pronto algún camino para sacudirse la retórica del miedo.

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